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El infierno románico capta la atención de 200 aficionados

29 Jul 2019
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Un total de 110 personas participaron en la edición de verano del curso Las Claves del Románico, organizado por la Fundación Santa María la Real, que, en su convocatoria de abril, ya logró atraer a más de 80 aficionados.

A largo de tres jornadas, guiados por siete expertos investigadores, pudieron analizar la figura de Satán y del infierno en tiempos del románico, así como su representación en frisos, portadas, canecillos, capiteles, pinturas murales e incluso pilas bautismales. 

El curso se celebró gracias a la colaboración de la Diputación de Palencia y el Ayuntamiento de Aguilar de Campoo.

“Es un orgullo para Aguilar contar con una entidad, como la Fundación, que consigue año tras año, llenar el refectorio del monasterio de Santa María la Real de personas dispuestas a visitar y vivir el románico, en una época, el verano, en la que muchos optan por disfrutar del sol”, afirmaba la alcaldesa de Aguilar de Campoo, María José Ortega, durante la inauguración del curso, celebrada el viernes.

La primera edil agradecía especialmente la labor del coordinador del programa de cursos de la entidad, Pedro Luis Huerta, quien incidía en que estas jornadas permitirán a los asistentes profundizar en la figura y la representación del Diablo en tiempos del románico de la mano de siete expertos investigadores. Sus análisis y explicaciones se han completado con un recorrido guiado por las iglesias de Pozancos, Rebolledo de la Torre, Vallespinoso de Aguilar y Barrio de Santa María.

La inauguración contó también con la presencia del director de la Fundación Santa María la Real, Juan Carlos Prieto, quien valoraba el respaldo que cada año reciben los cursos organizados por la entidad, “con vuestra presencia demostráis el interés que despierta el patrimonio y, en especial, el arte románico y nos animáis a seguir trabajando en su estudio, restauración, conservación y difusión”, comentaba dirigiéndose tanto a los alumnos como al profesorado.

El infierno románico

En esta ocasión, todos, participantes y ponentes se adentraron en el infierno románico, para comprobar con Miguel Cortés de la Universidad de Castilla - La Mancha, que debía ser un espacio cuando menos ruidoso y ajetreado. Y, es que, en época medieval, “nadie era ajeno a la amenaza del castigo eterno”. La creencia en el infierno futuro se popularizó en el siglo III, alentada por teólogos, monjes y, cómo no, por los canteros y artistas medievales que lograron, como señalaba Pedro Luis Huerta, que “para el hombre de aquella época la existencia del demonio fuese tan real como la vida misma”. 

¿Quién era realmente Satán? José Luis Alonso, de la Universidad de Valladolid, contó la clave en su ponencia, “los predicadores potenciaron la idea de que el mal proviene de los demonios o fuerzas del mal, ángeles creados por Dios como espíritus de luz, pero que por su soberbia fueron castigados y arrojados al infierno”. Tanto se interiorizó y se popularizó la imagen del diablo en el románico, que llegó a adquirir múltiples formas y representaciones, inspiradas, como explicará Ángela Franco del Museo Arqueológico Nacional, en su intervención, no solo en la Biblia, sino también en fuentes apócrifas. 

Los condenados

Agustín Gómez de la Universidad de Málaga ayudó a los participantes a identificar a los “condenados”, exponiendo un esquema trifuncional de la sociedad medieval, divida en “quienes oran, quienes combaten y quienes trabajan”, esto es, monjes, caballeros y labriegos. Cada uno de estos órdenes sociales, afirma, solía asociarse a unos vicios concretos, “el clero pecaba de simonía, usura y gula; los caballeros de soberbia; los campesinos y comerciantes, de lujuria y usura”. ¿Qué ocurría con el resto de la sociedad, con quiénes no pertenecían a ninguna de estas tres categorías? Eran, según Gómez, los excluidos, condenados irremisiblemente a los infiernos. 

Amuletos y talismanes para combatir al maligno

Los participantes en el curso de Las Claves, comprobaron, así, que nadie escapaba a las tentaciones del maligno y a los suplicios del infierno y, por lo tanto, era frecuente, como les explicará José Luis Hernando de la UNED, que el hombre medieval se pertrechase de todo tipo de amuletos, talismanes y artefactos para ahuyentar al mal. “Su variedad fue enorme, aunque en las culturas clásicas predominaron los falos y las higas, objetos de enorme capacidad para neutralizar el mal de ojo y los hechizos. Nuestros antepasados creían que el mal de ojo, secaba fluidos como la sangre, la saliva, la leche o el semen, y una de las maneras de encararlo por las bravas era mostrándole un órgano sexual, a ver si se entretenía y perdía comba”, comenta.

La lucha entre el bien y el mal

La figura del maligno adquiere pleno significado al enfrentarla a la Bondad divina, la eterna lucha entre el bien y el mal, plasmada en innumerables ocasiones en la oposición entre santos y demonios, analizada por Francisco de Asís García de la Universidad Autónoma de Madrid. “El cristianismo empezó siendo una religión contraria a idolatrar imágenes como reacción al paganismo”, explica Alejandro García Avilés, de la Universidad de Murcia, quien apunta que “desde el siglo IV, la evangelización suponía hacer que los demonios fueran expulsados de las estatuas a las que poseían”. Sin embargo, con el transcurso de los siglos, “acabó haciendo lo que condenaba hasta diferenciarse poco o nada de la religión pagana que comenzó combatiendo”.

Las Claves, el libro

Quienes no hayan podido asistir al curso de Las Claves del Románico, pueden estar tranquilos, recordaba su director, porque ya se ha publicado el libro con la recopilación de todos los estudios y ponencias abordados durante el curso. La obra lleva por título “A propósito de Satán. El submundo diabólico en tiempos del románico” y puede adquirirse ya en la tienda online de la Fundación Santa María la Real y en librerías especializadas.

 
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