En los tiempos que corren en los que estamos acostumbrados a mirar a través de una pantalla. En los que, a menudo, es más sencillo comprar a golpe de click que acercarse a la tienda de la esquina. En estos tiempos de vértigo e inteligencia artificial, entrar en un taller artesanal es una imagen, casi, anacrónica.
Saber que ocho personas han decidido apostar por la artesanía y formarse o perfeccionar sus conocimientos invita a adivinar un rayo de luz al final de túnel, un ápice de esperanza para el oficio.
Son Ana, Cynthia, Deborah, David, Manuel, Marina, Marta y Óscar. Las ocho personas que en enero iniciaron el curso de maquetismo, modelado, digitalización y producción artesanal impartido por el equipo de la Fundación Santa María la Real en su sede de Aguilar de Campoo, en la provincia de Palencia. “Llevamos 34 años elaborando, desde nuestro taller reproducciones a escala de algunos de los edificios más emblemáticos del patrimonio”, explican desde la Fundación. “En los últimos años, nos enfrentamos al problema del relevo generacional, es muy difícil encontrar personas capaces de trabajar con tanto detalle”.
Profesionales con vocación y experiencia
Acceder al curso, no fue sencillo. Tuvieron que presentar una candidatura, incluso grabar un vídeo explicando sus motivaciones para participar. Tienen algo en común: su gusto por el patrimonio, la historia, la cultura y el arte. Hay quienes como Ana Fontecha y Marta García se formaron como restauradoras de bienes culturales. Otras como Debora Serna, Cynthia Ruíz y Marina García llegan de la rama de Bellas Artes. Manuel Solana es arquitecto; David del Valle autodidacta en técnicas de impresión 3D y Óscar Rodríguez, “el madrileño errante”, economista de formación, artesano de vocación y experto en animación. “¿Te suena Pocoyó?”, pregunta, “pues participé en el equipo de animación de la serie”, nos cuenta, mientras retoca una reproducción de la pila bautismal románica de la iglesia de Santa María de Bareyo, en Cantabria.
Óscar llegó al curso con la curiosidad de quien quiere aprender nuevos procesos para mejorar sus técnicas. “Soy artesano, tengo carné. En casa todo lo hago yo, modelo barro, creo instrumentos y cuando era pequeño me fabricaba mis propios juguetes”, recuerda. Algo similar le ocurre a Manuel, aunque, en este caso, ha tenido que cruzar el charco para participar en la formación, dado que llega desde México. “Allí realizaba reproducciones a escala. Hace años conocí el trabajo del taller de Aguilar y de la Fundación. Entré en contacto con personas del equipo. Me atreví a enviar fotografías de una de mis maquetas y, bueno, gustó, me invitaron a participar y aquí estoy”, dice.
Marta, no solo conocía el trabajo de la Fundación y del taller, sino que trabajó como restauradora de bienes muebles en el Plan de Intervención Románico Norte. “Una cosa es verlo y otra hacerlo”, apunta. La experiencia del curso le está resultando interesante, como al resto de participantes, pero echa de menos más tiempo para empaparse de algunos procesos como la creación de piezas originales.

A unos metros de distancia, en la misma sala, pero en distinta mesa, Deborah, que acaba de dar los últimos toques a una maqueta del alcázar de Segovia, explica que hizo sus prácticas en el taller de Ornamentos. El curso le está brindando la oportunidad de profundizar en algunos procesos. A su espalda, Marina, que también hizo prácticas en la Fundación, valora especialmente la oportunidad de aprender con “personas a quienes les apasiona su trabajo”. Cynthia, natural de la villa galletera y conocedora del trabajo de la Fundación, agradece a su madre, el haberle puesto sobre la pista del curso que, como en el caso a sus compañeras, le está ayudando a profundizar y perfeccionar sus habilidades. David llega desde Ponferrada con el objetivo explorar otras técnicas y métodos más artesanales, dado que él se ha ido formando en digitalización.
Convivir para sobrevivir
Precisamente, la necesaria convivencia de la artesanía con las nuevas técnicas de reproducción y digitalización es algo sobre lo que todos, en algún momento, han reflexionado. Ana verbaliza estos pensamientos, mientras trata de fijar los pináculos de una reproducción del palacio episcopal de Astorga. “La artesanía ha de sobrevivir, siempre serán necesarias la experiencia y la mano del artesano. Se nota cuando el acabado lo hace una persona”, comenta. No le falta razón, al final, las personas aportan el alma que rezuman las piezas. “Las nuevas tecnologías pueden ayudar, abaratar costes o agilizar procesos de producción”, apunta Óscar, pero eso sí, sin perder “el oficio”, sino mejorándolo y dándole la oportunidad de llegar a otros públicos.
Es algo que se ha tenido en cuenta. Por eso, la acción formativa en la que están participando, de 300 h. de duración, se ha estructurado en dos grandes bloques, que combinan la destreza artesanal con la capacitación tecnológica. El curso, por cierto, ha sido posible gracias a la financiación del Ministerio de Cultura, mediante una subvención concedida a Ornamentos Arquitectónicos SL en el marco de la convocatoria de ayudas 2025 para el fomento de la innovación en los sectores culturales y creativos.
En general el alumnado valora mucho la posibilidad de participar de todo el proceso desde la creación del original, a la elaboración de los moldes, retoque o pintado de las piezas. “Se agradece que nos dejen trabajar sobre piezas reales que luego se pondrán a la venta”, señala Óscar.

Paciencia, concentración y detalle
Aunque al verlos hacer, parece fácil, el detalle y precisión que alcanzan es, como dice Manuel, “casi único”. Desde su experiencia en la realización de maquetas, ha podido aportar algunos consejos para mejorar los procesos. “Es maravilloso que te escuchen y poder compartir experiencias”, asegura.
Y es que aquí, el nivel de concentración y exigencia es máximo. “Todos tus sentidos están al servicio de la pieza en la que trabajas”, expone Marina. Exige paciencia y destreza. La atención es tal que, a menudo, “se pierde la noción del tiempo”. La profesionalidad del grupo y del equipo docente, no deja lugar a dudas. Al final, una de las personas que participan en el curso podrá entrar a formar parte del equipo del taller. La elección para el profesorado va a ser muy complicada. Consuela, quizá, el hecho de pensar que, aunque no todas puedan quedarse, sí habrán vivido una experiencia inolvidable que les ayudará en su futuro profesional y que, quizá, abra el camino a otras.




