¿Es compatible la artesanía con la tecnología? Aunque resulte paradójico, la respuesta es sí. Ambas disciplinas han de convivir: una puede facilitar el trabajo de la otra.
Es algo que defienden y conocen Óscar Rodríguez y Marta García. Son dos de las ocho personas que han participado en el curso de maquetismo impartido por la Fundación Santa María la Real en su taller artesanal de Aguilar de Campoo en Palencia.
Hoy, Óscar es ya parte de la plantilla y Marta ha logrado un contrato de tres meses para ampliar su técnica y sus conocimientos.
Decidir quién se queda no ha sido una tarea sencilla. El profesorado lo tuvo francamente difícil, dada la profesionalidad y el nivel de las ocho personas que han participado en el curso. La acción formativa, ha sido posible gracias al apoyo del Ministerio de Cultura, mediante una subvención concedida a Ornamentos Arquitectónicos SL en el marco de la convocatoria de ayudas 2025 para el fomento de la innovación en los sectores culturales y creativos.
Durante tres meses, 300 horas, Óscar y Marta han mejorado su destreza artesanal y capacitación tecnológica. Aún así, aseguran, en muchos aspectos, hubieran necesitado más tiempo. Por ejemplo, en materias como la creación de la pieza original o en los procesos de digitalización 3D.

Tienen claro que la tecnología puede ayudar y agilizar los procesos artesanales, pero, obviamente, “siempre ha de haber una persona detrás”, afirma Marta, quien explica que, manejar una impresora 3D, “no es tan sencillo como parece”. Efectivamente, has de tener el conocimiento necesario para poder ordenar e interpretar los datos. Además, es la persona quien aporta el alma y la esencia a cada pieza. “Por mucho que evolucione la tecnología es muy difícil que pueda sustituir el trabajo artesanal”, apunta Óscar.
Vocación y experiencia
Para él, la participación en el curso ha supuesto un antes y un después, un auténtico “cambio vital”. “Siempre quise ganarme la vida con la artesanía y ahora lo estoy haciendo”. Economista de formación, artesano de vocación y experto en animación llegó al curso con la curiosidad de quien quiere aprender nuevos procesos para mejorar sus técnicas. Marta, por su parte, es restauradora, de hecho, participó en el Plan de Intervención Románico Norte. Su intención ahora es aprovechar al máximo estos tres meses más, ahora con contrato, en el taller para seguir aprendiendo.
Tres décadas reproduciendo el patrimonio a escala
Mientras hablan con nosotros retocan y pintan una maqueta de “El Capricho” de Gaudí. Uno de los edificios más singulares de Comillas y una de las más de 600 reproducciones que se ha creado a lo largo del tiempo en el taller artesanal de Ornamentos Arquitectónicos.
El equipo de la Fundación lleva más de tres décadas creando estas piezas en Aguilar de Campoo. Reproducciones a escala, realizadas con tal precisión y detalle, que casi podrían considerarse únicas. Cada una de ellas se retoca y pinta a mano, por lo que efectivamente, lo son. Reproducen edificios completos como el propio monasterio de Aguilar de Campoo, el castillo de Peñafiel en Valladolid o la basílica del Pilar, por poner tan solo algunos ejemplos. Pero también se fijan en detalles como el pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago, la portada de Revilla de Santullán en Palencia o la arqueta de San Isidoro de León.
En los últimos tiempos, apuestan, además, por realizar piezas que no sean solo elementos decorativos, sino también algo útil. Es el caso de los juegos como el ajedrez inspirado en el románico, las pilas bautismales que se transforman en porta velas o, la pieza estrella, la más vendida en su tienda online, un portalápices cuyas caras reproducen cuatro de los relieves del claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos en Burgos.
Hasta ahora, la primera pieza, la original, se elaboraba de modo manual, por lo que su creación podía prolongarse durante meses. Posteriormente, se reproduce con la ayuda de moldes de silicona, que también se crean artesanalmente y por último cada reproducción se retoca y pinta. A partir de ahora, con la ayuda de Óscar y Marta, apoyándose en las nuevas tecnologías, los procesos podrán agilizarse, aunque seguirá requiriendo de investigación previa, conocimiento aplicado y, sobre todo, manos que aporten cabeza, alma y corazón a cada pieza.





