El pueblo palentino inauguró el sábado 3 de octubre Cuévana, la obra de arte pública y permanente construida a mano por un grupo intergeneracional de vecinas junto al colectivo Todo por la Praxis, sobre el terreno de la antigua escombrera minera. El acto reunió a vecinas y vecinos de Barruelo y la comarca en un recorrido desde el Centro de Interpretación de la Minería hasta la pieza, que se presentó iluminada por dentro al caer la tarde, y se cerró con un picoteo comunitario.
Del cuévano a Cuévana: así nació la obra
Todo partió de una fotografía: una mujer de Barruelo cargando un cuévano, la cesta artesanal que las mujeres de la zona usaban para transportar carbón y otros objetos del día a día, también en la propia escombrera. «Ese cuévano representaba muy bien los conceptos que habían ido apareciendo en la mediación: el cuidado, lo circular, esta manera de narrar la historia desde otro lugar», explican Jo Muñoz y Diego, de Todo por la Praxis, el colectivo de arte y arquitectura que ha ideado la obra junto al grupo de mujeres de Barruelo.
De ahí nace también el nombre de la pieza. Como «cuévano» no tiene género femenino, el colectivo decidió inventárselo: «Decidimos cambiarle el género al propio objeto y crear esta palabra, Cuévana, para darle un sentido en relación con la mujer», cuenta Jo Muñoz.
La referencia de fondo es La teoría de la bolsa de ficción, el ensayo de Ursula K. Le Guin que propone pensar la narración como un recipiente que recoge historias en lugar de una flecha que avanza en línea recta. «La bolsa, en este caso el cuévano, es donde recogemos otras historias de mujeres que no habían estado presentes en el relato oficial del municipio», señala Muñoz.
En el interior de Cuévana hay un segundo relato, construido a partir de un archivo fotográfico de Barruelo recopilado gracias a Fernando Cuevas, junto a fotografías actuales de las manos y los oficios de las mujeres de hoy, organizadas en estratos que aluden a la mina: «Cada estrato habla de una manera distinta de la presencia de la mujer en este territorio: el trabajo, los cuidados, la memoria cultural y la posición política», detalla Muñoz.
El mediador de Concomitentes en el proyecto, Alfredo Escapa, sitúa la pieza frente al relato que ya existía en el pueblo: «En el Centro de Interpretación de la Minería, el referente histórico de la mina, no hay fotos de mujeres, no hay nada. A partir de ahí, para nosotros significa: vale, ese es el relato oficial, pero vamos a contar otras historias, las que tienen que ver con nosotras». Escapa explica también por qué el proyecto necesitaba precisamente a este colectivo: «Era muy importante que fuesen artistas que no solo construyen con las manos, sino que crean mucho. Esa idea de construir juntas es una forma de tejer».
Para Mila Blanco, vecina del grupo de comitentes, el motivo de la obra es más directo: «Es una zona minera: el minero siempre ha tenido mucha relevancia, y la mujer nunca ha existido en ese relato. Por eso salió la historia del cuévano: para valorizar a la mujer, que nunca se ha puesto en valor». Y sobre lo que espera de la pieza una vez inaugurada: «Que sea un lugar vivo, que la gente pueda visitarlo y disfrutarlo, un lugar para pensar, para conversar, para que nos reunamos ahí».
Cuévana, una respuesta al relato del héroe minero
Barruelo de Santullán fue, durante generaciones, un pueblo minero. La extracción de carbón marcó su paisaje, su economía y también su memoria: el Centro de Interpretación de la Minería del pueblo cuenta esa historia a través de un relato centrado en la figura del minero, necesario y merecido, pero que ha dejado en un segundo plano el trabajode las mujeres que, con sus propios gestos, sostuvieron la vida cotidiana en el territorio: cuidar, recoger, guardar.
Cuévana nace para poner el foco justo ahí. Su nombre viene de «cuévano», el cesto que las mujeres de la zona llevaban a la espalda para transportar carbón y otros objetos necesarios para el día a día. La obra es una estructura circular por la que se puede caminar por dentro, con un armazón de hierro recubierto de un tejido trenzado a mano con un material similar a una manguera negra. En su interior pueden verse fotografías actuales y antiguas de Barruelo, junto a objetos de la zona que ayudan a contar esa parte de la historia del pueblo que no siempre se ha explicado.
Una obra ideada por Todo por la Praxis y hecha entre vecinas
Cuévana, ideada por el colectivo de arte y arquitectura Todo por la Praxis, ha sido construida en colaboración con un grupo intergeneracional de mujeres de Barruelo de Santullán para abordar, a través del arte contemporáneo, una herida muy concreta de este territorio: la que dejó la actividad minera y, después, también su desaparición. Retirar el carbón y la escombrera del paisaje ha sido necesarioparalaregeneraciónambiental delazona,perohasupuesto también la pérdida de un lugar con memoria propia para el pueblo.
Durante el último año y medio, el grupo de mujeres ha trabajado junto al mediador Alfredo Escapa y al colectivo Todo por la Praxis en Secuelas Energéticas, el proyecto impulsado por Concomitentes para reparar, desde el arte contemporáneo, la herida industrial de Barruelo.
Un proyecto europeo que repara heridas industriales
La inauguración de Cuévana se enmarca en Art Living Lab to Repair the Land, un proyecto europeo cofinanciado por el programa Creative Europe de la Unión Europea, que trabaja al mismo tiempo en tres territorios con un pasado industrial similar: Barruelo de Santullán (España), sobre las secuelas de la minería y la descarbonización; Wietstock (Alemania), sobre las secuelas de la agricultura intensiva; y Šibenik (Croacia), sobre las secuelas de la industria química y eléctrica.
En los tres casos, un grupo de vecinas y vecinos ha trabajado junto a un artista o colectivo artístico, con la mediación de una entidad local, para responder a través del arte a una herida concreta que la industria dejó en su territorio. En España, esta metodología —conocida como Nuevos Comanditarios, y que permite a la ciudadanía encargar obras de arte contemporáneo— la desarrolla Concomitentes.






