La editorial palentina Aruz Ediciones acaba de publicar el número 14 de la Colección de Historia de la Montaña Palentina, una revista de carácter bienal –tras una primera etapa de periodicidad anual– dedicada al estudio del pasado del norte palentino, con investigaciones que van desde la Prehistoria hasta nuestros días, pasando por la Antigüedad, la Edad Media o la Edad Moderna.
El último número de la Colección de Historia cuenta con cinco nuevos estudios y con dos entrevistas en su apartado de memoria oral. En concreto, los artículos incluidos en el número 14 son Cuevas, paisajes y primeros pobladores de la Montaña Palentina, de José Antonio Caro, Marta Cañete y Genaro Álvarez; La evolución de la decoración interior de las iglesias de la Montaña Palentina y Campoo: el maestro de San Felices como figura de transición, de César del Valle; Los pendones de los 24 de La Peña, de María Baranda; Entre el carbón y la nostalgia. Historia del ferrocarril de La Robla en la Montaña Palentina, de Carmelo Zaita; y Ángel Revilla Argüeso, de Waldo López e Iñaki Torices. Además, el apartado de memoria oral incluye una entrevista a Laurentino González, de Camporredondo, y otra a Juan Román, uno de los últimos pastores trashumantes que llevó el ganado a la sierra de Brañosera.
En los últimos veinte años, desde que en 2006 apareció el primer número, esta publicación ha difundido un total de 60 estudios realizados por cerca de 70 autores diferentes. Entre estos autores cabe destacar la presencia de reputados especialistas y también la de jóvenes investigadores que han encontrado en la revista un espacio para escribir sus primeros trabajos. Fruto de la labor desarrollada en estos veinte años, la Colección de Historia de la Montaña Palentina se ha convertido en un recurso de gran valor para conocer la historia y la cultura tradicional del norte de la provincia, uniendo al rigor de sus artículos un carácter divulgativo que busca acercarse a cualquier lector.
El último número de la publicación, que se encuentra ya a la venta en las librerías de Palencia y del norte de la provincia y que tiene una extensión de 288 páginas, ha contado con la colaboración de la Diputación Provincial, los Ayuntamientos de Guardo, Cervera de Pisuerga y Aguilar de Campoo y la Fundación Nartex.
Los primeros pobladores de la Montaña Palentina
Desde 2017, los miembros del proyecto OCUPAP (La ocupación humana prehistórica en cavidades y terrazas fluviales del Alto Pisuerga), han realizado sucesivas campañas en los términos de Cervera, Dehesa de Montejo, Mudá y Salinas. Fruto de esta labor ha sido la obtención de evidencias de una ocupación humana durante todo el periodo Paleolítico. Entre los yacimientos al aire libre destacan los hallazgos de cientos de piezas de industria lítica en Salinas, y en lo que respecta a las cavidades, en la cueva de la Peña de Mudá han hallado 2.042 piezas de industria lítica, 243 vestigios cerámicos de diferentes periodos y numerosos restos de fauna, en los que aparecen especies como el bisonte, la hiena o el rinoceronte. Sin embargo, los resultados más valiosos se han producido en Cueva Allende, en Ligüérzana, donde los restos certifican una ocupación humana continuada en el Paleolítico Medio, Paleolítico Superior y periodo postpaleolítico, abarcando así el ámbito cronológico de los neandertales y del homo sapiens. En Cueva Allende han aparecido 3.275 piezas de industria lítica, útiles elaborados con hueso, piezas de cerámica y abundantes restos de fauna. Estos últimos inducen a pensar que la dieta de los neandertales que ocuparon la cueva estuvo basada en el consumo de ciervos, conejos, caballos y rebecos. Además, en la cavidad han sido también hallados restos de especies como el leopardo, la hiena y el castor. Otro hallazgo de especial interés es la existencia de diversas manifestaciones de arte rupestre.
Las pinturas murales del maestro de San Felices
Entre los siglos XII y XIV, la pintura mural fue la principal fórmula para la decoración del interior de las iglesias. El norte de nuestra provincia conserva valiosos ejemplos de este tipo de decoración en la ermita de San Pelayo de Perazancas, en la iglesia del antiguo monasterio de Santa Eufemia de Cozuelos o en la ermita de Santa Eulalia de Barrio de Santa María. Una expresión ya tardía de este fenómeno es el conocido como taller del Maestro de San Felices, una serie de pinturas murales datadas a finales del siglo XV que aparecen en trece templos de la mitad oriental de la Montaña Palentina y en pueblos limítrofes de Burgos y Cantabria. Su aparición, sin embargo, se produjo en un momento en el que ya empezaba a extenderse el gusto por el retablo, en detrimento de las pinturas murales. Este hecho supondría que la nueva decoración basada en los retablos propiciase el ocultamiento de las antiguas pinturas, que en algunas ocasiones llegaron a ser denigradas y en los casos más extremos tachadas de ridículas. Sin embargo, desde hace unas décadas, estas pinturas han comenzado a ser valoradas de nuevo y se han visto beneficiadas por sucesivas campañas de restauración. Una labor que nos permite volver a disfrutar del interior de los templos tal y como fueron concebidos en la Edad Media.
Los pendones de La Peña
Desde hace siglos, los pendones han sido un símbolo de identidad de cada localidad y han estado presentes en diversos momentos de la vida pública. Con el tiempo, fueron trasladados a las iglesias parroquiales y pasaron también a formar parte de las celebraciones religiosas, apareciendo pendones específicos para las ceremonias de difuntos. Su presencia era habitual en romerías y peregrinaciones, así como en rogativas y procesiones organizadas para pedir protección o abundancia. Del mismo modo, durante las fiestas patronales recorrían las calles junto al santo titular. El Archivo Diocesano de Palencia alberga una rica información de los pendones de los pueblos que en su día formaron el histórico Concejo de los 24 de La Peña. Estas referencias, que van del siglo XVI hasta el XX, permiten además conocer otros detalles de interés, como los diferentes colores y los tipos de tejido empleados en la elaboración de los pendones, el número de lienzos que los componían o los nombres de algunos profesionales y localidades a los que acudían los pueblos de La Peña para reparar sus piezas deterioradas o encargar otras nuevas.
El tren de La Robla en la Montaña Palentina
Los empresarios vizcaínos, necesitados de carbón para abastecer sus industrias siderúrgicas, impulsaron a finales del siglo XIX la creación de un ferrocarril de vía estrecha entre Valmaseda (Vizcaya) y La Robla (León). Esta línea, inaugurada el 11 de agosto de 1894, sería prolongada unos años más tarde hasta las ciudades de Bilbao y León. Este ferrocarril fue decisivo en el desarrollo de la cuenca minera de la Montaña Palentina y escenario de numerosas disputas durante la Revolución de 1934 y la Guerra Civil, así como de la picaresca surgida en tiempos del estraperlo. La decadencia iniciada con el cierre de las minas y la paulatina despoblación de la comarca derivó en la interrupción del tráfico de viajeros entre diciembre de 1991 y marzo de 2003, año en que fue reabierta la línea. El artículo de Carmelo Zaita recoge esta historia y hace además un repaso de las estaciones, apeaderos, apartaderos, túneles y puentes existentes en el norte palentino.
Ángel Revilla Argüeso
Nacido en Salinas de Pisuerga en 1928, Ángel Revilla desarrolló una brillante labor como docente universitario en Panamá y Estados Unidos, donde ejerció de catedrático durante más de cincuenta años. Autor de una extensa bibliografía, en la que tienen cabida la narrativa, la poesía, la crítica o el ensayo, escribió también varios libros en los que rememora la vida tradicional en Salinas a partir de sus propios recuerdos. Ángel Revilla falleció en Panamá en junio de 2007.



