El próximo sábado 3 de octubre, Barruelo de Santullán inaugura Cuévana, una obra de arte pública y permanente construida de forma comunitaria por un grupo intergeneracional de mujeres del pueblo, junto al colectivo de arte y arquitectura Todo por la Praxis. La pieza se levanta sobre el terreno de la antigua escombrera de la mina, hoy en proceso de renaturalización, y quedará instalada allí de forma permanente.
Cuévana, una respuesta al relato del héroe minero
Barruelo de Santullán fue, durante generaciones, un pueblo minero. La extracción de carbón marcó su paisaje, su economía y también su memoria: el Centro de Interpretación de la Minería del pueblo cuenta esa historia a través de un relato centrado en la figura del minero, necesario y merecido, pero que ha dejado en un segundo plano el trabajo de las mujeres que, con sus propios gestos, sostuvieron la vida cotidiana en el territorio: cuidar, recoger, guardar.

Cuévana nace para poner el foco justo ahí. Su nombre viene de «cuévano», el cesto que las mujeres de la zona llevaban a la espalda para transportar carbón y otros objetos necesarios para el día a día. La obra es una estructura circular por la que se puede caminar por dentro, con un armazón de hierro recubierto de un tejido trenzado a mano con un material similar a una manguera negra. En su interior pueden verse fotografías actuales y antiguas de Barruelo, junto a objetos de la zona que ayudan a contar esa parte de la historia del pueblo que no siempre se ha explicado.
Una obra hecha entre vecinas
Cuévana, ideada por Todo por la Praxis, ha sido construida en colaboración con un grupo intergeneracional de mujeres de Barruelo de Santullán para abordar a través del arte contemporáneo una herida muy concreta de este territorio: la que dejó la actividad minera y, después, también su desaparición. Retirar el carbón y la escombrera del paisaje ha sido necesario para la regeneración ambiental de la zona, pero ha supuesto también la pérdida de un lugar con memoria propia para el pueblo.

Esta obra es el resultado de un proyecto de largo aliento. Durante el último año y medio, este grupo de mujeres ha trabajado, de la mano del mediador Alfredo Escapa, en Secuelas Energéticas un proyecto impulsado por Concomitentes que buscaba reparar, desde el arte contemporáneo, la herida industrial de Barruelo.
Un proyecto europeo que repara heridas industriales
La inauguración de Cuévana se enmarca en Art Living Lab to Repair the Land, un proyecto europeo cofinanciado por el programa Creative Europe de la Unión Europea, que trabaja al mismo tiempo en tres territorios con un pasado industrial similar: Barruelo de Santullán (España), sobre las secuelas de la minería y la descarbonización; Wietstock (Alemania), sobre las secuelas de la agricultura intensiva; y Šibenik (Croacia), sobre las secuelas de la industria química y eléctrica.
En los tres casos, un grupo de vecinas y vecinos ha trabajado junto a un artista o colectivo artístico, con la mediación de una entidad local, para responder a través del arte a una herida concreta que la industria dejó en su territorio. En España, esta metodología —conocida como Nuevos Comanditarios— que permite a la ciudadanía encargar obras de arte contemporáneo la desarrolla Concomitentes.




